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niedziela, 17 października 2010

ABUELO SABIO

Es más fácil amar a la humanidad en general que al vecino.

Eric Hoffer

Habíase una vez un hombre rezongón que nunca se sentía cómodo en ninguna parte. Claro, los vecinos no le querían porque solía poner música a todo volumen sin que le importara el parecer de los demás. Por fin, se fue a vivir a otro barrio. Se acercó a un abuelo de amable aspecto que sentado tomaba mate frente a su casa, y le preguntó:

- Benefactor, dígame usted, ¿qué clase de personas viven en este lugar? Sepa que soy un ciudadano honesto que busca un barrio habitado por gentes honestas.

A lo cual el sabio anciano le replicó:

- Caballero, pero contéstame: ¿Qué clase de personas vive en el barrio que tú acabas de abandonar?

De ceño fruncido y mirada casi furibunda, el joven respondió, dando patadas contra el suelo:

- ¡Un grupo de caraduras y egoístas malvados que me prohíben escuchar música fuerte y hacer tantas cosas más! Me regocijo haberme ido de allí.

A lo cual el abuelo contestó:

- Lo mismo vas a encontrar aquí. Busca mejor otro lugar. Y no le quiso dignificar ni con una mirada más.

Ese mismo día otro caballero venido de tierras lejanas deambulaba por el barrio en busca de alguna habitación para alquilarla. Se acercó a ese mismo abuelo amador de mate y - sonriendo amablemente - le hizo esa misma pregunta o parecida:

- ¿Qué clase de personas viven en este lugar? Es que tengo que mudarme y quiero algún lugar tranquilo.

El sabio viejo respondió con la misma pregunta:

- Joven, ¿y qué clase de personas viven en el lugar de donde tú vienes?

- Buena gente, o noble Anciano, honesta, amigable, hospitalaria, ¡me duele mucho haberla dejado!

– Lo mismo encontrarás aquí, respondió el anciano. Quédate en nuestro barrio, amable Caballero.

Un hombre ocioso que holgazaneaba por ahí observó todo esto y estupefacto le preguntó al abuelo :

- ¿Cómo es posible dar dos respuestas diferentes a la misma pregunta?

A lo cual el viejo circunspecto respondió:

- Cada uno juzga a los demás desde el prejuicio que lleva adentro. Para el amargado todo es amargado, para el impuro todo es impuro. “Quien siembra viento cosecha tormenta”, enseña sabiamente la Biblia. El cómo percibimos el mundo exterior depende mucho de nuestro mundo interior, de nuestra actitud.

Ojalá tengamos en nuestros barrios muchos ancianos tan sabios. Pero, ¿Quién hoy día aprovecha de la sabiduría de quienes ya tienen alguna experiencia? O TEMPRORA, O MORES!

  

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