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czwartek, 14 października 2010

EL MAYOR MILAGRO

Es tanto, tanto, lo que la Virgen María me ha regalado de sus tesoros, que ya debería estar vacía su dispensa, si su hijo no fuera el infinito Dios.
San Juan María Vianey


Virgen de Siracusa
Cuando en Siracusa (Sicilia) apareció la Virgen María llorando sangre y acto seguido comenzaron a suceder curaciones inexplicables, los comunistas de ahí empezaron a inquietarse, temiendo este fenómeno como el diablo teme la cruz. 

- ¡Es intolerable eso, es un ultraje al sentido común, es una bofetada dada a la sociedad culta, a la gente ilustre! – vociferaba enfurecido el más empedernido de ellos, secretario del Partido. – El único milagro en todo esto es el hecho de que nuestro Partido no haya estado lo suficientemente alerta para desenmascarar a tiempo este fraude. ¡En marcha, Camaradas! Husmeen en todas partes, investiguen, interroguen, hablen con los curas, con los médicos, con los científicos, con los supuestamente curados. Es pura mentira todo esto, pues descubran la verdad. Pero su investigación háganla honradamente, tiene que ser un trabajo impecable, que no nos acusen de parcialidad o manipulación después. Espero aquí los resultados de su investigación, ¡el Partido cuenta con ustedes!…

Así más o menos enfervorizaba a los suyos el jefe rojo. Ponía también mucho cuidado en su amigo que desde hacía algún tiempo se turbaba demasiado a causa de estas apariciones, hasta empezaba a dudar de los sagrados principios del marxismo y leninismo...

Ahora por todo el país echó a difundirse la noticia de que el comité rojo había urdido un complot para desacreditar la aparición de la Virgen de Siracusa. El tiempo pasaba. Los camaradas corrían de un lugar a otro husmeando y averiguando las cosas, pero todo en vano – no han descubierto nada fraudulento en todo este asunto. El camarada secretario se encontraba muy decaído de ánimo. El peor día para él fue cuando los obispos de Italia se pronunciaron a favor de la autenticidad de las apariciones en Siracusa…

De repente, otra noticia cundió por la ciudad con la velocidad del rayo que acongojó a los camaradas: ¡he aquí su jefe y camarada, el mismo secretario del Partido que los había enviado a desprestigiar las apariciones de Siracusa, creyó en su autenticidad, se convirtió, lloró a lágrima viva sus pasados pecados y errores, abandonó el Partido y volvió a la fe católica! 

Antes de que ocurriera esta maravillosa conversión, dicen que lo había visitado ese amigo con dudas dirigiéndole un reproche así:

- ¿Sabes qué, en lo que ocurre en esta ciudad ahora, es lo peor, el “milagro” de la inversa? El hecho de que existan tales hombres como tú, quienes se encierran en su fanática incredulidad aun cuando Dios milagrosamente les da señales manifiestas de su existencia.

Se hizo silencio. Luego el visitante añadió como si diera con una revelación:

- Y sabes, amigo, a decir verdad, creo comprender por qué Él eligió como signo… las lágrimas de… María…

Adaptación del cuento
Fuente: A. M. Weigl, Seine Mutter, meine Mutter,
Verlag St. Grignionhaus, Altötting 1969, p. 154-157.


                





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