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sobota, 16 października 2010

LLAVE DE ORO

No pueden desembocar en la impiedad más que dos clases de hombres: los que tienen pereza de pensar y los que no tienen fuerza para obrar bien. Los primeros niegan a Dios, porque no pueden palparle con las manos. Los otros le niegan, para poder seguir su vida de pecado. En la mayoría de los casos el hombre se hace incrédulo para librarse de Dios.
(Mons. Tihamér Tóth)

Emblema del Papa
Un niño tuvo un sueño en el que vio a una encantadora hada que, acercándose a él, extendió ante sus deslumbrados ojos preciosos juguetes y ricos regalos. Sonriente le dijo:

- ¿Te hacen feliz estas cosas? Pues podrás tenerlas si eres mi amigo.

En esto apareció en escena un noble príncipe, y, extendiendo un gran vestido sobre su cama, le dijo:

Este vestido significa la fama y la gloria. Podrás obtenerlas si eres mi amigo.

Ya iba el niño a aceptar la propuesta, cuando se presentó un sacerdote al lado de su cama y, mirándole amablemente, le dijo:

- Hijo mío, ¿qué te aprovecha todo esto? He aquí que yo te traigo algo más precioso. Anda, toma esta cajita de madera.

El niño sintió disgusto y no quiso aceptarla.

- Ábrela – le dijo el sacerdote – y mira lo que contiene.
El niño la abrió y halló una llave de oro.

- Esta llavecita – le explicó el sacerdote – te abrirá un día las puertas del cielo, si es que la guardas fielmente. Esta llavecita es la sacrosanta fe católica.

El niño despertó y comprendió que el don de la fe es nuestro mayor tesoro. Guardémosla con todo esmero.


Fuente: Mauricio Rufino, Vademécum de ejemplos predicables (Editorial Herder), Barcelona 1962, N° 378, p. 165.


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