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poniedziałek, 20 grudnia 2010

SITUACIÓN SIN SALIDA

Por muy larga que sea la tormenta, el sol siempre vuelve a brillar entre las nubes.
Khalil Gibran

Habíase una vez un hombre justo que confiaba profundamente en la Divina Providencia. Habíase también en ese mismo pueblo un hombre malvado que se burlaba de Dios y de la sacrosanta fe católica, odiando a su paisano piadoso. Ese malvado incrédulo cometió un asesinato pero lo hizo de tal manera que las sospechas cayeran sobre el justo. Pues, al justo le entregaron a los tribunales. Los jueces eran sobornados, ya que el malvado asesino era rico, mientras el bueno pobre. La causa se prolongaba ya que las pruebas no eran irrefutables. Por fin, uno de los jueces, sonriendo maliciosamente, le dijo al injustamente acusado:

- Todos sabemos que tú eres un hombre justo que confía mucho en Dios, así parece. Dejemos pues que en tu causa decida el juicio divino. He aquí dos papelitos: uno con el escrito: INOCENTE, otro con el CULPABLE. Vas a sortear. Lo que elijas, será el fallo.

El acusado sabía que los jueces eran unos perjuros comprados y que los dos papelillos tenían el mismo escrito: CULPABLE. ¿Pero, qué podría hacer? ¿Fue una situación sin salida…? No había tiempo para pensar. El juez ya tendía hacia él los puños con los fatales papelitos dentro de cada uno. Ya era preciso echar suertes. El justo pidió mentalmente a Dios ayuda. Cerró los ojos. Sorteó y… en ese mismo instante se comió el papelito elegido. Enojados los jueces, le gritaron:

- ¿Qué hiciste? ¿Cómo sabremos ahora cuál era el fallo?
- Es simple saberlo - respondió el acusado. 
- Basta con que miren qué dice el papelillo que les queda en la mano.

Los jueces se callaron estupefactos. Claro está, el papelito restante rezaba: CULPABLE. Pues el fallo tuvo que ser al revés: INOCENTE. Le dejaron al acusado en paz, temían continuar molestando a un hombre que supo salir ileso de una trampa que ellos consideraban sin salida.

George Frederic Watts - Esperanza, abandonada en la caja, olvidada

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