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wtorek, 21 grudnia 2010

UTILIDAD DE LA DEVOCIÓN (UNA HISTORIA VERDADERA)

Eran tiempos de la primera guerra mundial. La cosa tuvo lugar en el frente francés. Fue un hermoso día de mayo. Un soldado alemán se adelantó demasiado, abandonando el resguardo de sus tropas. Cargado de escudillas y cantimploras resonando, se acercó a un arroyuelo para sacar agua. Desgraciadamente, no estaba solo ahí – en el bosquecillo cercano le acechaban unos soldados franceses agazapados. El alemán cargó agua en los recipientes, apagó la sed, luego se lavaba en el agua cristalina tranquilamente.

Los aguerridos soldados franceses todo el tiempo le apuntaban con sus rifles a su despreocupado enemigo. Según su parecer, la proximidad al frente generaba una situación tan tensa y peligrosa que no había tiempo para tomar prisioneros de guerra. Vacilaban todavía en disparar una salva mortífera, ya que era posible que en pos de uno merodearan en acecho otros enemigos…

Mientras tanto, ocurrió una cosa curiosa. Cerca del riachuelo, medio escondida en el follaje, se encontraba una estatua de la Virgen. Tal vez el soldado alemán se acordara de otros tiempos mejores cuando, paz en la tierra, asistía a las FLORES DE MAYO, el culto especial que se tributa a la Virgen todos los días de este mes, porque recogió algunas ramitas florecientes y adornó con ellas la imagen de la Madre de Cristo. Luego se arrodilló, juntó las manos humildemente y le suplicaba algo a nuestra Señora, quizá para que le ayudara a sobrevivir esa terrible guerra. Después se levantó y comenzó a marcharse. Durante todo este tiempo, los soldados franceses lo tenían en la mira, pero algo no les permitía apretar el gatillo. ¿Quizá ellos también se acordaran de otros tiempos donde asistían a las Flores de Mayo? El alemán se fue tranquilamente, ¡sin sospechar que había escapado a la muerte!

Entonces los franceses, transcurrido algún tiempo, vencidos por la curiosidad, salieron de su escondrijo y se acercaron a la estatua, engalanada de ramitas floridas. Ahí permanecían callados y meditabundos. ¿Quizás asimismo recordaran algo o rezaran? ¿Quizás también le pidieran auxilio a Ella, encomendándose bajo su amparo?

En aquel mismo instante se desencadenó pandemonio – sobre el bosquecillo del que apenas habían salido, cayeron granadas, volándolo todo. Habrían muerto los franceses reflexivos, hechos pedazos, si se hubiesen encontrado allá todavía. 

Fuente: A. M. Weigl, Seine Mutter, meine Mutter, 
Verlag St. Grignionhaus, Altötting 1969, s. 62-68 (Adaptación).

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