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wtorek, 13 grudnia 2011

DIÓGENES Y LOS TRES SESTERCIOS

Diogenes escondido en su barril,
por John William Waterhouse
El famoso filósofo griego Diógenes levantó una tienda en la plaza del mercado de Atenas, en la cual puso la siguiente inscripción: «Aquí se vende la sabiduría.» Un transeúnte que había leído la inscripción y se reía de ella a grandes car­cajadas, llamó a un criado suyo, le dio tres sestercios (moneda griega que equivalía aproximadamente a 20 céntimos) y le dijo: «Pregunta a aquel fanfarrón cuánta sabiduría da por tres sestercios.»

Fue allá el criado, dio los tres sestercios y cumplió el encargo de su amo. Diógenes metió el dinero en su bolsillo y dijo: «Di a tu amo la siguiente máxima: En todas tus obras, ten la vista fija en el fin.»

Tanto gustó a aquel señor esta máxima, que la hizo esculpir con letras de oro en la puerta de su casa, para despertar en sí mismo y en cuantos entrasen por ella el recuerdo de su propio fin.

Nadie, empero, ha recordado tan a menudo y con tanta eficacia a los hombres su último fin como Jesucristo. Pluguiera a Dios que todo cristiano lo tuviera siempre ante los ojos.

Spirago Francisco, Catecismo en ejemplos, Editorial POLÍGLOTA, T. 1,
Barcelona 51941, p. 7-8.


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