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niedziela, 4 grudnia 2011

SABIDURÍA EN RESUMEN

La Iglesia necesita muchos y cualificados evangelizadores que, con nuevo ardor, renovado entusiasmo, fino espíritu eclesial, desbordantes de fe y esperanza, hablen cada vez más de Jesucristo.
San Juan Pablo II

Jouffroy, célebre profesor de la Universidad de París, había sido por largo tiempo librepensador, pero más tarde se convirtió en un ferviente cristiano. Al acercársele la muerte, dijo a uno de sus amigos las siguientes memorables palabras: 

«Conozco un librito que los niños aprenden de memoria, en el cual están resueltos todos los grandes problemas de la vida. Leedlo todos sin excepción. Este librito es el catecismo.» 

En efecto, el catecismo resuelve las más importantes cuestiones de la vida que tantos filósofos incrédulos suelen llamar «enig­mas de la Naturaleza». Tales son, por ejemplo, los siguientes problemas: ¿De dónde procede el mundo? ¿Para qué fin estoy yo en él? ¿Qué me acontecerá después de la muerte?, y así sucesivamente. Si Sócrates, Platón o cualquier otro filósofo pagano de la antigüedad hubiese tenido en sus manos este librito, habría sido presa de un grande asombro, pues en él habría encontrado la clara respuesta a todas aquellas cues­tiones por cuya solución tanto se esforzaban todos ellos.


DIDEROT Y SU HIJA

Los padres de familia que tienen la responsabilidad de la educación humana y cristiana de los hijos, confiando también en la ayuda experta de educadores y catequistas serios y bien formados.
San Juan Pablo II

Los mismos enemigos de la religión reconocen el valor del catecismo. El filósofo francés Diderot era un notorio librepensador y tenía un gran odio a la Iglesia católica. Un día recibió la visita de un amigo que le sorprendió precisamente en el momento en que estaba tomando a su hija la lección de catecismo. Cuando la muchacha hubo salido de la sala, el amigo manifestó la sorpresa y el asombro que le había causado el ver a un enemigo de la religión instruyendo a su hija en la Religión católica, Diderot le respondió sonriendo: 

- No conozco mejor fundamento para la educación de mi hija, pues no existe moral alguna tan sólidamente asentada como la católica.

Spirago Francisco, Catecismo en ejemplos, T. 1, 
Editorial POLÍGLOTA, Barcelona 51941, p. 2-3.
(texto levemente modernizado) 

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