Łączna liczba wyświetleń

niedziela, 4 grudnia 2011

SAN HUBERTO, CAZADOR

Quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo. 
(2 Tm 1,9)

San Huberto, hijo de un duque de Aquitania, que murió en el año 727, siendo obispo de Lieja, era en su juventud un gran aficionado a la caza. En esta ocupación empleaba la mayor parte del tiempo, olvidando completamente a Dios. Un día de gran fiesta, mientras él, en vez de asistir a la Santa Misa, iba a cazar en los bosques de los Ardennes, se le apareció súbitamente un ciervo, entre cuyos cuernos se veía un reful­gente crucifijo. Al mismo tiempo oyó estas palabras: 

- Huberto, ¿hasta cuándo estarás cazando en el bosque, per­diendo miserablemente el tiempo? ¿No quieres aún reconocer que has sido creado sólo para conocer a Dios, amarle y servirle? 

Estas palabras y esa maravillosa aparición le cambiaron totalmente, como en otro tiempo a Saulo, la que tuvo en el camino de Damasco. Huberto prometió al momento cambiar de vida y se dirigió a San Lamberto, obispo de Maastricht, rogándole que con sus consejos le dirigiese a la consecución de la perfección cristiana. Se hizo después sacerdote, y a causa de sus grandes virtudes fue elegido, después de la muerte de San Lamberto, sucesor suyo en la Sede de Maastricht. 

Pluguiera a Dios que todos los hombres tuvieran siempre ante sus ojos el verdadero fin por el que están en este mundo.


Spirago Francisco, Catecismo en ejemplos, T. 1, 
Editorial POLÍGLOTA, Barcelona 51941, p. 4.
(texto levemente modernizado)

1 komentarz:

  1. Le pido a Dios Nuestro Señor, que le pase algo así a mi hijo, es un excelente chico de 16 años, pero va a misa porque yo se lo pido y se queda en la puerta nada mas..

    OdpowiedzUsuń