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niedziela, 17 czerwca 2012

PÍO X


Bajo tu amparo nos acogemos, oh Santa Madre de Dios; no deseches nuestras súplicas, antes bien socórrenos en nuestras necesidades y líbranos de todos los peligros, oh Virgen Santa, gloriosa y bendita.
La más antigua oración a la Virgen

San Pío X
Se cerraban a la luz los ojos llorosos de Pío X, y el mundo, con un plebiscito unánime, lo llamó el Papa Santo.

Nueve años después, un nuevo plebiscito de súplicas llegaba a la Santa Sede para que se le otorgara a Pío X la corona de Santo.

Así, aquel que había escrito en su testamen­to: "He nacido pobre, he vivido pobre, quiero morir pobre", ha recogido todas las riquezas es­pirituales de los corazones agradecidos, del uno y del otro hemisferio.

José Sarto nació verdaderamente pobre. Era el mayor de ocho hijos de un pobre guardia munici­pal de Riese. Pero a la pobreza doméstica supo unir una riqueza de fuerza de voluntad verda­deramente superior. Su ideal fue ser sacerdote, contra todos los obstáculos. Y lo fue. Y fue un sacerdote santo, y recorrió toda la gama de la jerarquía eclesiástica.

Primeramente, capellán en Tómbolo; después párroco en Salzano. Luego, subiendo, subiendo, Canciller de la Curia, Director Espiritual del Se­minario, Vicario Capitular en Treviso, Obispo de Mantua y Patriarca de Venecia. El 4 de agosto de 1903 fue elegido Sumo Pontífice y tomó el nom­bre de Pío X.

Hecho Papa contra toda previsión periodística, fue gran y Papa y un Papa Santo.

Y fue un gran devoto de la Virgen.

Aun niño, iba con gran fervor al Santuario de Cendrole, próximo a Riese, para venerar a la Madre de la Misericordia. Hecho sacerdote, re­pitió más de una vez que a la Virgen debía su vocación. Y procuró hacerla amar siempre y en todo lugar.

En Tómbolo, en Salzano, promovió concur­sos, fiestas, novenas, altares en honor de Ella. Treviso, Mantua y Venecia recordaron duran­te mucho tiempo sus encendidas alocuciones so­bre la Virgen.

En Venecia, no se dio por satisfecho mientras no vio restablecidas las fiestas anuales de la Vir­gen de la salud. El 4 de agosto de 1901, subió al monte Grappa para bendecir la estatua de la Vir­gen, y al grito de ocho mil voces que le aclama­ban, respondió con el único grito de: ¡Viva María!

Cuando le nombraron Papa, puso fecha a primera encíclica en la fiesta del Rosario y reafirmó en pleno la devoción del Rosario en el mes de Octubre.

En las reuniones públicas, interrumpía los discursos al tocar la campana y recitaba el Ángelus con todos los presentes.

Escribió un abogado francés: "Yo le observé mientras rezaba. Contemplé la expresión de su rostro, el resplandor de su vista, fija en una imagen de la Virgen; admiré la dulzura de aquel Ave María y debí pensar: ¡Quizás la ve! Y, desde entonces, he comprendido cuánto se debe amar a la Madre de Dios".

Cuando en agosto de 1914, entraron en guerra cinco naciones en la conflagración europea, el Santo Padre, que la había previsto y que tanto había llorado y rezado, y que había trabajado para evitarla, se recogió sobre sí mismo. La primera víctima de la guerra cumplía aquí abajo su terreno holocausto. 

Hoy, Pío X, el devoto de María, ya está en la gloria de los altares.    


Luis Duguera, La Virgen te habla. Nuevo mes mariano, Ediciones Paulinas, Buenos Aires 21959, p. 14-16.

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