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środa, 6 czerwca 2012

TREINTA MISAS

Nunca llegaremos a comprender lo suficientemente claro que una limosna, pequeña o grande, dada en favor de las almas sufrientes, se la damos directamente a Dios. Él acepta y recuerda como si se la hubieran dado directamente a Él mismo. Así, todo lo que hagamos por ellas, Dios lo acepta hecho para Él. Es como si lo aliviáramos o liberáramos a Él mismo del purgatorio. En qué manera nos pagará!
Paul O’Sullivan

El Purgatorio,
por Annibale Carracci
El santo Malaquías cuenta que un día se le apareció el alma de su difunta hermana.

Estaba ella penando en el purgatorio, pero parecía estar en el cementerio.

Debido a su orgullo y a la excesiva atención que se prestaba a sí misma de una manera tan egoísta, adornando su soberbia cabellera y embelleciendo su cuerpo, dispuso Dios que su alma vanidosa permaneciera en la tumba, para así contemplar la descomposición de su cuerpo.

El santo varón dedicó para el alma sufriente de su querida hermana las misas durante treinta días seguidos. 

Después de que las hubo celebrado, vio otra vez a su hermana. El proceso de su purificación estaba en plena marcha. Permanecía de pie frente a la puerta del templo, muy triste, vestida de luto, invadida de una tremenda angustia. Este castigo le habrá tocado porque cuando en vida participaba de la misa u otras celebraciones en la iglesia, no prestaba mucha atención a la liturgia, faltando así el respeto debido a Dios. Quizás también porque apartaba la atención de los fieles de Dios, y la centraba en sí misma, haciéndolo a propósito y por vanidad. 

Entonces, el santo varón, una vez más celebró por el alma de su pobre hermana fallecida el santo sacrificio de treinta misas.

Nuevamente su hermana se le apareció, por última vez. Ahora se encontraba en la iglesia. Su rostro como si estuviera iluminado, emanaba serenidad y felicidad. Estaba vestida en traje blanco.

El obispo, entonces comprendió que para su hermana las penas del purgatorio habían terminado, habiendo entrado ella en la eterna Gloria. 

Fuente: Charles Arminjon, Koniec świata doczesnego i tajemnice życia przyszłego. Konferencje, Flos Carmeli, Poznań 2011, pgs. 149-150.

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