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poniedziałek, 16 lipca 2012

HISTORIA DE UN GUARDABOSQUES - de los Cuentos de un peregrino ruso

La oración de Jesús interior y constante es la invocación continua e ininterrumpida del nombre de Jesús con los labios, el corazón y la inteligencia, en el sentimiento de su presencia, en todo lugar y en todo tiempo, aun durante el sueño.
(del Peregrino ruso)

Guardabosques, por  Józef Brandt )
(…) Luego vi que se acercaba por entre los árboles un campesino delgado y pálido, ya entrado en años sin ser viejo. Me preguntó cómo había llegado hasta allí, y yo le dije qué es lo que hacía en un lugar tan apartado, cambiando algunas palabras amistosas. Me rogó que entrase en su cabaña y me explicó que era guardabosques y que tenía a su cuidado aquel monte, que iba a ser talado. Me ofreció el pan y la sal, y entablamos conversación (…)

“En mi pueblo -me dijo- yo no era el último; tenía un oficio que consistía en teñir las telas de rojo y azul; vivía con holgura, pero no sin pecado; engañaba mucho a mi clientela y juraba continuamente; era grosero, bebedor y pendenciero...

“En ese pueblo había un viejo chantre que tenía un libro antiguo, muy antiguo sobre el Juicio final. Iba a menudo a casa de los fieles ortodoxos para leer en ellas y recibía por ello alguna pequeña retribución; alguna vez también venía a mi casa. La mayor parte de las veces, le daba unos ochavos y él se quedaba a leer hasta el canto del gallo.

“Una vez estaba yo trabajando y oyéndole al mismo tiempo; leía un pasaje sobre los tormentos del infierno y sobre la resurrección de los muertos, cómo Dios vendrá a juzgar; cómo harán los Ángeles sonar sus trompetas, el fuego y el pez que habrá allá y cómo los gusanos devorarán a los pecadores…

“De repente, sentí un miedo espantoso y me dije: ¡Yo no escaparé a esos tormentos! Desde ahora voy a dedicarme a salvar mi alma y acaso llegue a conseguir el rescate de mis pecados.

“Reflexioné detenidamente y decidí abandonar mi oficio; vendí mi casa, y como vivía solo me hice guardabosques, no pidiendo de salario más que el pan, vestido con que cubrirme y algunos cirios para encender durante las oraciones…

“Y ya llevo viviendo así más de diez años. Solamente como una vez al día y no tomo sino pan y agua. Todas las noches me levanto al primer canto del gallo y hasta que amanece hago genuflexiones y salutaciones hasta tierra; mientras rezo enciendo siete velas delante de las imágenes. Durante el día, mientras recorro el bosque, llevo unas cadenas de sesenta libras sobre la piel. No juro, no bebo ni cerveza ni alcohol, ni peleo con nadie; mujeres, no las he conocido jamás.

“Al principio me sentía muy contento de vivir así, pero de cuando en cuando me veo asaltado por reflexiones que no puedo echar de la mente. Dios sabe si podré alcanzar el perdón de mis pecados, pero esta vida es bien dura. Y además…

“¿Sería verdad lo que decía el libro? ¿Cómo puede resucitar un hombre? Pues de aquellos que murieron hace cien años y más, hasta el polvo ha desaparecido. Y ¿quién sabe si habrá un infierno o no? Por lo menos, ninguno ha vuelto del otro mundo; cuando el hombre muere, se corrompe y ninguna huella queda de él.

“Ese libro, acaso lo hayan escrito los popes o los funcionarios para asustarnos, a nosotros los imbéciles, a fin de tenernos cada vez más sumisos. De modo que en esta vida vivimos miserablemente y sin consuelo alguno, y a lo mejor en la otra no habrá cosa alguna. Entonces, ¿para qué continuar así? ¿No será preferible aprovechar inmediatamente las buenas ocasiones? Estas ideas me persiguen -añadió-, y tengo miedo de tener que volver a mi antigua ocupación.”

***

Yo sentía gran compasión por él y me decía a mí mismo:

“Se dice que sólo los sabios y los intelectuales se hacen librepensadores e incrédulos, pero por lo visto también nuestros hermanos, los sencillos campesinos, se forman ideas bien raras y faltas de fe. Seguramente que el mundo oscuro llega a todos y acaso ataca más fácilmente aún a los simples. Hay que buscar las mejores razones posibles y fortalecerse contra el enemigo por la Palabra de Dios.”

Por eso, a fin de sostener un poco a este hermano y confirmar su fe, saqué de mi bolsillo la Filocalía y la abrí en el capítulo del bienaventurado Hesiquio. Le leí y expliqué que el miedo del castigo no es el único freno contra el pecado, porque el alma no puede librarse de los pensamientos culpables sino mediante la vigilancia del espíritu y la pureza del corazón...

Todo esto se adquiere por la oración interior. Si alguno escoge el camino del ascetismo no sólo por miedo de las torturas del infierno, sino también por el deseo del reino celestial -añadí-, los Padres comparan esta acción con la de un mercenario. Dicen que el miedo a los tormentos es la vía del esclavo, y el deseo de recompensa, la del mercenario...

Pero Dios quiere que vayamos a Él como hijos; quiere que el amor y el celo nos empujen a comportarnos dignamente, y que gocemos de la perfecta unión con Él en el alma y en el corazón.

“En vano te agotarás y te impondrás las pruebas y penitencias físicas más duras; si no llevas constantemente a Dios en el espíritu y la oración de Jesús en el corazón, nunca estarás al abrigo de los malos pensamientos; estarás siempre dispuesto a pecar a la menor ocasión.

“Comienza, pues, hermano, a rezar de continuo la oración de Jesús; esto te resultará fácil en esta soledad, y pronto verás el provecho de esta oración. Las ideas impías desaparecerán, a la vez que la fe y el amor a Jesucristo se revelarán en tu interior. Y comprenderás cómo los muertos pueden resucitar, qué es verdaderamente el Juicio final y qué significa. Y encontrarás tanto gozo y ligereza en tu corazón, que quedarás admirado; y ya no te cansarás ni serás turbado por tu vida de penitencia.”

***

Luego le expliqué como mejor pude, cómo debía recitar la oración de Jesús según el divino mandamiento y las enseñanzas de los Padres. Él parecía no desear otra cosa, y su turbación fue disminuyendo. Entonces, separándome de él, entré en la vieja cabaña que me había indicado.

Según: Anónimo, El Peregrino ruso,
Editorial Monte Carmelo, Burgos 22003,  p. 71-76.


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