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czwartek, 19 lipca 2012

HISTORIA DE UN JUDÍO CONVERSO – de los Cuentos de un peregrino ruso

¿Por qué el Hijo de Dios hecho hombre se llama JESÚS? - El Hijo de Dios hecho hombre se llama Jesús, que quiere decir Salvador, porque nos ha salvado de la muerte eterna merecida por nuestros pecados. 
Catecismo Mayor N° 74


Después que hube viajado varios días, y sintiéndome bastante fatigado, llegué a una ciudad comercial de considerables dimensiones llamada Bielaya Tcherkov. Como la tarde estaba ya cayendo, me puse a buscar alojamiento para la noche. En el mercado me tropecé con un hombre que parecía ser también un viajero. Hacía indagaciones por las tiendas sobre la dirección de cierta persona que vivía en el lugar. Cuando me vio, vino hacia mí y dijo:
—Pareces también un peregrino, así que vayamos juntos a encontrar a un hombre llamado Evreinov, que vive en esta ciudad. Es un buen cristiano, y dirige una espléndida posada donde acoge a los peregrinos. Mira, tengo anotado algo acerca de él.

Yo consentí de buena gana, y pronto hallamos su casa. Aunque el posadero no estaba en casa, su esposa, una amable anciana, nos recibió muy cariñosamente y nos ofreció una pequeña buhardilla retirada, en el desván. Nos instalamos y descansamos un rato. Luego vino nuestro posadero y nos pidió que cenásemos con ellos. Durante la cena se habló de quiénes éramos y de dónde veníamos, y por una u otra razón la conversación vino a parar a la cuestión del por qué se llamaba Evreinov[1].

—Les contaré una extraña cosa acerca de esto —dijo, y empezó su relato:

«Verán lo que pasó. Mi padre era judío. Había nacido en Schklov, y odiaba a los cristianos. Desde su más temprana edad se preparaba para ser rabino y estudiaba a Fondo toda la charladuría judía dirigida a refutar al cristianismo. Cierto día acertó a pasar por un cementerio cristiano. Vio una calavera humana, que debía de haber sido sacada de alguna tumba recientemente removida. Conservaba ambas mandíbulas y había en ellas algunos dientes de aspecto horrible. En un arrebato de mal genio, empezó a mofarse de ella; la escupió, la cubrió de insultos y la dio de puntapiés. No contento con esto, la recogió y la fijó a un poste, como hacen con los huesos de animales para ahuyentar a los pájaros voraces. Después de haberse divertido de este modo, se fue a casa.

»La noche siguiente, apenas se había quedado dormido, cuando un desconocido se le apareció y le reprendió violentamente, diciendo: “¿Cómo osas insultar a lo que queda de mis pobres huesos? Yo soy cristiano; pero en cuanto a ti, tú eres un enemigo de Cristo.”

»La visión se fue repitiendo varias veces todas las noches, y él no logró ni sueño ni descanso. Más tarde, la misma visión empezó a relampaguear ante sus ojos en pleno día, mientras oía el eco de aquella voz reprochadora. Con el tiempo, la visión se hizo más frecuente hasta que, al fin, empezó a sentirse abatido, lleno de espanto, y a perder las fuerzas. Fue a su rabino, quien le cubrió de rezos y exorcismos. Pero la aparición no sólo no cesó, sino que se hizo más frecuente y amenazadora.

»Este estado de cosas se supo y, oyendo hablar de ello, un amigo suyo, cristiano, se puso a aconsejarle que aceptase la religión cristiana, y a incitarle a pensar que no había otro medio de verse libre de su perturbadora aparición. Pero el judío era remiso a dar este paso. Aun así, dijo en respuesta: “Haría de buena gana lo que deseas con tal de librarme de esta atormentadora e intolerable aparición.”

»El cristiano se alegró de oír esto, y le persuadió de que mandase al obispo local una petición de bautismo y de recepción en la Iglesia cristiana. La petición fue escrita, y el judío, no muy ansioso, la firmó. Y mira por donde, justo en el mismo momento en que la petición era firmada, la aparición cesó y ya nunca volvió a molestarle.

»Su gozo fue ilimitado, y con el ánimo enteramente sosegado, sintió una fe tan ardiente en Jesucristo, que se fue volando al obispo, le contó toda la historia y expresó el profundo deseo de ser bautizado. Aprendió con ahínco y rapidez los dogmas de la fe cristiana, y después de su bautizo vino a vivir a esta ciudad. Aquí se casó con mi madre, una buena cristiana. Llevó una vida piadosa y de bienestar, y fue muy generoso con los pobres. Él me enseñó a ser igual, y antes de su muerte me dio sus instrucciones al respecto, junto con su bendición. He aquí el motio por el cual me llamo Evreinov.»

***

Escuché esta historia con respeto y humildad, y pensé para mí: ¡Qué bueno y cuán benévolo es Nuestro Señor Jesucristo, y cuán grande es su amor! ¡Por qué caminos tan distintos atrae a los pecadores hacia sí! Con qué sabiduría emplea cosas de poca importancia para conducir hacia las cosas grandes! ¿Quién podría haberse imaginado que el juego malévolo de un judío con unos huesos sin vida había de llevarle al conocimiento verdadero de Jesucristo, y había de ser el medio para conducirle a una vida piadosa?



[1] Literalmente, «hijo de judío»

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