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czwartek, 19 lipca 2012

HISTORIA DE UN TAL AGATHONIK - de los Cuentos de un peregrino ruso

Existe una imagen mariana del siglo VI, procedente de Rusia: María está erguida en un mar de rayos; y en su pecho, en el sitio de su corazón, se dibuja Cristo, como sol, como hostia rodeada de haces de luz. ¿Qué es lo que quiere expresar? Que el corazón de María estaba ocupado por Cristo, allí vivía Él, y así María era un ostensorio, un tabernáculo vivo.
Mons. Tihamér Tóth

Eleusa Theotokos con escenas
de la vida de María, Siglo XVIII
Habíase un tal Agathonik, hombre devoto, quien desde su infancia había sido enseñado por sus piadosos padres a rezar cada día delante del icono de la Madre de Dios la oración que empieza por „Regocíjate, doncella encinta de Dios”, y así lo hacía siempre.

Más tarde, cuando creció e inició su propia vida, se vio absorbido por los cuidados y ajetreos de la vida y sólo rara vez rezaba la oración, hasta que la abandonó totalmente.

Un día dio alojamiento para la noche a un peregrino, quien le contó que era un eremita de la Tebaida, y que había tenido una visión en la que se le ordenaba ir a un tal Agathonik y reprenderle por haber abandonado la oración a la Madre de Dios.

Agathonik dijo que la razón era que había rezado la oración durante muchos años sin observar ningún resultado en absoluto. Entonces, el eremita le dijo:
“Recuerda, ciego y desagradecido, cuántas veces esta oración te ha auxiliado y te ha evitado una desgracia. Recuerda cómo, en tu juventud, fuiste prodigiosamente salvado de ahogarte. ¿No recuerdas cómo una epidemia se llevó a muchos de tus amigos a la tumba y tú conservaste la salud? ¿Recuerdas cuando, viajando con un amigo, ambos caísteis de la carreta y él se rompió una pierna mientras que tú saliste ileso? ¿No sabes bien que un joven conocido tuyo, que gozaba de buena salud y era fuerte, yace ahora enfermo y débil, mientras que tú estás sano y no sufres dolor alguno?”

Y le recordó a Agathonik muchas otras cosas. Al fin, dijo:
“Has de saber que todos estos males te fueron conjurados por la protección de la santísima Madre de Dios, gracias a esa corta oración con la que elevabas diariamente tu corazón a la unión con Dios. Vigila ahora; continúa con ella y no dejes de alabar a la Reina del Cielo, no fuese que ella te desamparase”.

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