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sobota, 4 sierpnia 2012

ANTES VAYAMOS A LAVARNOS Y MUDAR DE ROPA

Los que mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, aunque están seguros de su eterna salvación, sufren después de su muerte una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del cielo.
(Catecismo de la Iglesia Católica N° 1030)

Caminando dos amigos, uno protestante y otro católico, comenzaron a hablar de religión. El protestante preguntó al católico:
—Pero, ¿es posible que creas en el purgatorio? Yo pienso que, si nos salvamos, estamos salvos y no tenemos por qué pasar por el purgatorio, sino ir directamente al cielo.

Apenas llegaron a la casa del católico, un criado les salió al encuentro diciéndoles que la comida estaba en la mesa.

—Magnífico — exclamó el protestante—, jamás me sen­tí con tanto apetito.
—Pues vayamos directamente a la mesa —dijo el ca­tólico.
—¿Con esta facha, tan polvorientos y sudados? Impo­sible; sería un insulto a tu esposa. Antes vayamos a la­varnos y mudarnos de ropa.

Así lo hicieron. Ya a la mesa, dijo el católico a su esposa:
—Puedes sentirte orgullosa, pues nuestro amigo guarda más deferencias contigo que con el mismo Dios.
—¿Cómo? ¿Qué quieres decir con esto?
—Nada; que nuestro amigo no se atreve a presentarse a la mesa sin antes lavarse y mudarse, creyendo que el no hacerlo sería una falta de respeto hacia ti, y, sin em­bargo, piensa entrar de rondón en el cielo directamente, con todo el polvo y la suciedad de su vida en el alma.

— ¡Cáspita! —exclamó entonces el protestante—. ¿Sa­bes que no había parado mientes en este punto de vista? Ciertamente, es creíble que las almas de los difuntos pre­fieran purificarse en el purgatorio antes de presentarse manchadas ante la inmaculada limpieza y santidad de Dios.

Mauricio Rufino, Vademécum de ejemplos predicables, 
Editorial Herder, Barcelona 1962, N° 1859, p. 752-753.


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