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wtorek, 28 sierpnia 2012

POBRE DIABLO DESOCUPADO

Para penetrar bien la necesidad de rechazar la tentación, preguntad a los cristianos condenados cuál es la causa de hallarse en el infierno, ellos que fueron creados para el cielo: todos os responderán que fue porque, al ser tentados, sucumbieron a la tentación. Id, además, a interrogar a todos los Santos que triunfan en el cielo, qué cosa les ha procurado aquella felicidad; y os contestarán todos: es que al ser tentados, con la gracia de Dios, resistimos a la tentación y despreciamos al tentador.
San Juan María Vianey 

Se cuenta en la historia que San Francisco de Asís estaba reunido con sus religiosos en un gran campo donde habían construido unas casitas de junco. Viendo San Francisco que hacían tan extraordinarias penitencias, les ordenó que trajeran todos sus instrumentos de mortificación; se recogieron montones grandes como pajares.

Había allí en dicha ocasión un joven a quien Dios concedió se le hiciese visible su ángel de la guarda: por un lado veía a aquellos buenos religiosos que no podían saciarse en su afán de penitencias; por otro lado, su ángel de la guarda le hizo ver una reunión de dieciocho mil demonios, que estaban deliberando acerca de cómo podrían vencer a aquellos religiosos con tentaciones. Hubo uno de ellos que dijo:

-Vosotros no lo comprendéis, esos religiosos son tan humildes, ¡ah! ¡hermosa virtud! tan desprendidos de sí mismos, tan unidos a Dios; tienen un superior que los guía tan bien, que resulta imposible poderlos vencer; esperemos a que muera el superior y entonces procuraremos la entrada de jóvenes sin vocación que introducirán el relajamiento, y por este medio serán nuestros.

Un poco más lejos, al entrar en la ciudad, vio a un demonio solo, sentado sobre las puertas de la misma para tentar a los que estaban dentro. Aquel santo preguntó a su ángel de la guarda:
- ¿Por qué motivo, para tentar a los religiosos, había tantos millares de demonios, mientras que para una ciudad entera había tan sólo uno y aun estaba sentado?

Le contestó el ángel bueno que las gentes del mundo no necesitaban ser tentadas, pues ya se portaban mal por su propia iniciativa e impulso; mientras que los religiosos obraban el bien a pesar de todos los lazos y de los combates que el demonio los provocase.

San Juan María Vianey
(Extracto del Sermón sobre las Tentaciones)

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