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poniedziałek, 8 października 2012

TRES DÍAS COMO TRES SIGLOS

- ¿Van inmediatamente al cielo los que mueren después de recibida la absolución, pero antes de haber plenamente satisfecho a la justicia de Dios? 

- No, señor; van al purga­torio, para satisfacer allí a la justicia de Dios y purificarse enteramente.

Catecismo Mayor N° 790 

Almas del purgatorio 
liberadas por la Virgen 
del Carmen,  
por Diego Quispe Tito, 
Museo de Brooklyn
Un hombre de mala vida fue visitado de nuestro Señor con una larga enfermedad, para que volviese sobre sí. Se le hacía de mal una enfermedad tan prolija y rogaba muy a menudo a Dios le sacase de la cárcel de este cuerpo. 

Se le apareció un ángel y le dijo de parte de Dios que escogiese de una de dos cosas, la que él quisiera: o quedarse otros dos años enfermo como estaba y luego volar al cielo, o morirse, luego deteniéndose tres días en el purgatorio. Atendiendo el bueno del enfermo a la brevedad que se había de detener en el purgatorio y pareciéndole muy penosa y larga aquella enfermedad, eligió la muerte con los tres días de purgatorio.

Se hizo así y habiendo estado no más que una hora en el purgatorio, le tornó a aparecer el ángel del Señor, el cual después de haberle consolado, le preguntó si le conocía? Dijo que no. 

— Pues yo soy — dice — el ángel del Señor que de su parte te di a escoger el venir acá o quedarte en aquella tu enfermedad por dos años.

A esto dijo la afligida alma: 

— No es posible que tú seas ángel de Dios, porque los ángeles buenos no pueden mentir, y el que me dijo esto mintió gravemente, pues habiéndome dicho que estaría aquí no más que tres días, he estado penando tantos años estas acerbísimas penas y no acabo de salir de ellas.

Le dijo el ángel: 

— Pues te hago saber que no ha más de una hora que estás en este lugar: de suerte que para cumplir los tres días te falta lo restante del tiempo.

Entonces replicó el alma: 

— Ruega, pues, al Señor, no mire mi ignorancia en haber escogido esto, y alcánzame de su divina misericordia que me vuelva a la vida de antes, que no digo yo dos años, mas todos los que el Señor fuere servido sufriré de buena gana aquella enfermedad.

Concedida su petición, y como había experimentado lo que se pasa en el purgatorio, tuvo por muy ligeros todos los dolores y trabajos de esta vida, y los llevó con mucha paciencia y alegría. 

Juan Eusebio Nieremberg SJ, Diferencia entre lo temporal y eterno. Desengaños de la vida con la memoria de la eternidad, postrimerías humanas y misterios divinos,
Barcelona 1856, pgs. 181-182.


OTRA VERSIÓN DEL MISMOTODAVÍA ESTÁ CALIENTE TU CUERPO EN LA TIERRA

Hablando un día sobre la gravedad de las penas del purgatorio, un famoso predicador puso el ejemplo de un piadoso cristiano, cuya enfermedad le hacía sufrir de tal manera, que constantemente rogaba a Dios que le librase de sus sufrimientos. Una noche, el enfermo soñó que se le aparecía un ángel y le decía:

— Vivirás todavía tres años sufriendo como sufres. Pero puedes elegir entre estos tres años de sufrimientos en la tierra y tres días de sufrimiento en el purgatorio.

El enfermo escogió los tres días y, una vez en el pur­gatorio, se le apareció de nuevo el ángel, para consolarle.

— Me dijiste que sufriría aquí tres días — le dijo el alma, — y estoy seguro de que llevo más de tres años su­friendo espantosamente.

— No lo creas — respondió el ángel. — Todavía está caliente tu cuerpo en la tierra. Apenas hace unos instan­tes que estás aquí.

Porque, así como en el cielo las épocas más dilatadas parecen momentos para los santos, en el purgatorio, la gravedad del sufrimiento hace que un instante se parezca a una eternidad.

Mauricio Rufino, Vademécum de ejemplos predicables,
Editorial Herder, Barcelona 1962, N° 1861.










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