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środa, 10 października 2012

TRAGEDIA FAMILIAR REMEDIADA

La augusta Madre de Dios está presente en las cosas humanas, y cuanto más se enfría la caridad, tanto más vehementemente incita Ella a sus hijos a la piedad, a la virtud y a la penitencia de los pecados; y, a la par que por dondequiera se agravan pestilencias nefastas que nos amenazan, sentimos que es ella intercesora clementísima que suplica en favor nuestro a la divina misericordia y aparta los castigos merecidos por nuestras culpas.
Papa Juan XXIII

Un caballero muy devoto de la Santísima Virgen había construido una capilla en su honor, en una de las dependencias del castillo que habitaba. Nadie conocía la existencia de dicha capilla. Todas las noches, después del primer sueño, sin decir nada a su mujer, se levantaba y se dirigía a la capilla de la Virgen, para pasar allí lo restante de la noche... 

Su mujer estaba muy apesadumbrada del proceder del marido, pues creía ella que salía de noche para entrevistarse con mujeres de mala vida. Cierto día, la esposa no pudo soportar ya por más tiempo aquel secreto sufrimiento, y dijo a su marido que muy bien se veía que tenía otra mujer preferida. El marido, pensando en la Santísima Virgen, le contestó afirmativamente. 

Esta respuesta hirió vivamente los sentimientos de aquella mujer, y viendo que su marido no cambiaba de conducta, en un arrebato de pesar, se suicidó clavándose un puñal en el pecho. Al volver de la capilla el marido, halló al cadáver de su mujer bañado en sangre. Afligido en extremo ante aquel espectáculo, cerró con llave la puerta de su cuarto, y se dirigió de nuevo a la capilla de la Virgen, y allí, desconsolado y lloroso, se prosternó ante aquella santa imagen, exclamando:

«Ya veis, oh Santísima Virgen, que mí esposa se ha suicidado porque venía yo por la noche a permanecer en vuestra compañía. Ya veis que mi mujer está condenada; ¿la dejareis ardiendo en las llamas, cuando se ha suicidado desesperada a causa de mi devoción para con Vos? Virgen Santa, refugio de los afligidos, servíos devolverle la vida; mostrad cuánto os place hacer bien a todos. No saldré yo de aquí hasta que me hayáis alcanzado esta gracia de vuestro divino Hijo».

Mientras se hallaba abstraído en sus lágrimas y oraciones, una criada le estaba buscando y llamándole, diciendo que la señora preguntaba por él.

Y el caballero le dijo: 

«¿Estás segura de que es ella quien me llama?»
«Escuchad su voz», dijo la criada. 

La alegría del caballero fue tan grande, que no acertaba a separarse de la compañía de la Virgen. Por fin se levantó, llorando de alegría y de gratitud, y halló a su mujer en plena salud. De sus heridas sólo le quedaban las cicatrices, para que nunca olvidase tan gran milagro obrado por la protección de la Santísima Virgen. Al ver entrar a su marido, le abrazó diciendo: 

«¡Amado mío!, te estoy altamente agradecida por lo caridad en rogar por mí». 

Quedó tan agradecida por aquel prodigioso favor, que pasó el resto de su vida en lágrimas y penitencia; no podía nunca relatar la gracia que la Virgen había alcanzado de su divino Hijo, sin llorar a lágrima viva, y no tenía otro deseo sino manifestar a todos cuán poderosa es la Santísima Virgen para socorrer a los que en ella confían.

San Juan María Vianey, Extracto del Sermón sobre la Pureza


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