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poniedziałek, 26 listopada 2012

MARÍA AYUDA EFICAZMENTE A BIEN MORIR - MARY HELPS EFFECTIVELY TO DIE WELL

No busca nada de lo que tenemos, ni necesita para nada de lo nuestro, cuando en el cielo todos se afanan en satisfacer sus deseos. Si exige de nosotros que la sirvamos, es porque busca nuestro bien. Si pide que la alabemos, es porque desea nuestra salvación.
Beato Tomás de Kempis

Nuestra Señora, Theotokos, 
de Vladimir
Se cuenta de san Andrés Avelino que en la hora de su muerte vinieron miles de demonios para tentarlo. Y se lee en su biografía que en su agonía sostuvo un combate tan fiero con el infierno, que hacía estremecer a los buenos religiosos que le acompañaban. 

Vieron que al santo se le hinchaba la cara y se le amorataba por el exceso de dolor; todo su cuerpo temblaba en medio de fuertes convulsiones; de los ojos brotaban abundantes lágrimas; daba golpes violentos con la cabeza, señales todas de la terrible batalla que le hacía sostener el infierno. Todos lloraban de compasión redoblando las oraciones, a la vez que temblaban de espanto viendo cómo moría un santo. Se consolaban viendo cómo el santo constantemente dirigía los ojos a una devota imagen de María, acordándose que él mismo muchas veces les había profetizado que, en la hora de la muerte, María había de ser su refugio. 

Quiso al fin el Señor que terminara la batalla con gloriosa victoria; cesaron las convulsiones, se le descongestionó el rostro y, tornando a su color normal, vieron que el santo, fijos los ojos en una imagen de María, le hizo una inclinación como en señal de agradecimiento –la cual se cree que entonces se le aparecería– y expiró plácidamente en los brazos de María. 

En el mismo instante una capuchina que estaba en trance de muerte, dijo a las religiosas que la asistían: “Rezad el Ave María porque acaba de morir un santo”.

Extracto de Las Glorias de María, por San Alfonso de Ligorio




It is related of St. Andrew Avellino, that at the time of his death, ten thousand devils came to tempt him; and we read in his life, that at the time of his agony he had so fierce a struggle with hell, that it caused all his good religious who were present to tremble. 

They saw the face of the saint swell from agitation, so that it became black; they saw all his limbs trembling, and greatly agitated, rivers of tears flowed from his eyes, and his head shook violently; all these were signs of the horrible assault he was suffering from the powers of hell. All the religious wept in compassion, redoubled their prayers, and trembled with fear when they saw that a saint died thus. Yet they were consoled by seeing that the saint often turned his eyes, as if seeking help, towards a devout image of Mary, for they remembered that he had often said in life, that in the hour of his death, Mary must be his refuge. 

It finally pleased God to terminate this struggle by a glorious victory, for the agitation of his body ceased, his countenance gained its natural shape and color, and fixing his eyes tranquilly on that image, he devoutly bowed his head to Mary, who, it is believed, then appeared to him, as if to thank her, and quietly breathed forth in her arms his blessed soul, with heavenly peace depicted on his countenance. 

At the same time a Capuchin nun, in her agony, turned to the religious who were with her and said: "Say an Ave Maria, for a saint has just died."

St. Alphonsus Liguori, The Glories of Mary, New York 1852, pgs. 102-103.


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