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środa, 21 listopada 2012

MUERE SANTAMENTE UN ESCOCÉS CONVERTIDO AL CATOLICISMO - THE SAINT DEATH OF A SCOTTISH CONVERTED TO CATHOLICISM

Todos los verdaderos hijos de Dios y predestinados tienen a Dios por Padre y a María por Madre. Y quien no tenga a María por Madre, tampoco tiene a Dios por Padre.
San Luis María Grignión de Montfort

The Annunciation, by Eustache
Le Sueur, 17th-century
Se narra en la historia de las fundaciones de la Compañía de Jesús en el reino de Nápoles de un noble joven escocés llamado Guillermo Elphinstone. Era pariente del rey Jacobo, y habiendo nacido en la herejía, seguía en ella; pero iluminado por la gracia divina, que le iba haciendo ver sus errores, se trasladó a Francia, donde con la ayuda de un buen padre, también escocés, y, sobre todo, por la intercesión de la Virgen María, descubrió al fin la verdad, abjuró la herejía y se hizo católico. Fue después a Roma. Un día lo vio un amigo muy afligido y lloroso, y preguntándole la causa le respondió que aquella noche se le había aparecido su madre, condenada, y le había dicho: “Hijo, feliz de ti que has entrado en la verdadera Iglesia; yo, por haber muerto en la herejía, me he perdido”.

Desde entonces se enfervorizó más y más en la devoción a María, eligiéndola por su única madre, y ella le inspiró hacerse religioso, a lo que se obligó con voto. Pero como estaba enfermo, se dirigió a Nápoles para curarse con el cambio de aires. Y en Nápoles quiso Dios que muriese siendo religioso. En efecto, poco después de llegar, cayó gravemente enfermo, y con plegarias y lágrimas impetró de los superiores que lo aceptasen. Y en presencia del Santísimo Sacramento, cuando le llevaron el Viático, hizo sus votos y fue declarado miembro de la Compañía de Jesús. 

Después de esto, era de ver cómo enternecía a todos con las expresiones con que agradecía a su madre María el haberlo llevado a morir en la verdadera Iglesia y en la casa de Dios, en medio de los religiosos sus hermanos. “¡Qué dicha –exclamaba– morir en medio de estos ángeles!” Cuando le exhortaban para que tratara de descansar, respondía: “¡No, ya no es tiempo de descansar cuando se acerca el fin de mi vida!”

Poco antes de morir dijo a los que le rodeaban: “Hermanos, ¿no veis los ángeles que me acompañan?”

Habiéndole oído pronunciar algunas palabras entre dientes, un religioso le preguntó qué decía. Y le respondió que el ángel le había revelado que estaría muy poco tiempo en el purgatorio y que muy pronto iría al paraíso. Después volvió a los coloquios con su dulce madre María. Y diciendo: “¡Madre, madre!”, como niño que se reclina en los brazos de su madre para descansar, plácidamente expiró.

Poco después supo un religioso, por revelación, que ya estaba en el paraíso.

Extracto de Las Glorias de María, por san Alfonso de Ligorio


In the history of the foundations of the Company of Jesus, in the kingdom of Naples, is related the following story of a noble youth of Scotland, named William Elphinstone. He was a relation of King James. Born a heretic, he followed the false sect to which he belonged; but enlightened by divine grace, which showed him his errors, he went to France, where, with the assistance of a good Jesuit father, who was like himself a Scotchman, and still more by the intercession of the blessed Virgin, he at length saw the truth, abjured heresy, and became a Catholic. He went afterwards to Rome, where a friend of his found him one day very much afflicted, and weeping. He asked him the cause, and he answered, that in the night his mother had appeared to him and said: “My son, it is well for thee that thou hast entered the true Church; I am already lost, because I died in heresy.” 

From that time he became more fervent in his devotion to Mary, chose her for his mother, and by her was inspired to become a religious. He made a vow to do so, but being ill, he went to Naples to restore his health by a change of air. But the Lord ordered it so that he should die in Naples, and die a religious; for, having become dangerously ill soon after his arrival there, he by prayers and tears obtained from the superiors admittance, and when about receiving the viaticum, he made his vows in presence of the blessed sacrament, and was enrolled in the society. 

After this, in the tenderness of his feelings, he gave thanks to his mother Mary for having rescued him from heresy, and brought him to die in the true Church, and in a religious house in the midst of his brethren. Therefore, he exclaimed: “Oh! how glorious it is to die in the midst of so many angels!” Being exhorted to take a little rest, he answered: “Ah, this is not the time to rest when the end of my life is drawing near.” 

Before dying, he said to the persons present: “Brethren, do you not see the angels of heaven around me?” One of the religious having heard him murmuring something to himself, asked him what he had said. He answered, that his angel-guardian had revealed to him that he should be in purgatory but a short time, and would soon enter paradise. Then he began again to talk with his sweet mother Mary, and repeating the word, mother, mother, he tranquilly expired, like a child falling asleep in the arms of its mother. 

Soon after, it was revealed to a devout religious that he had already entered paradise.

St. Alphonsus Liguori, The Glories of Mary, New York 1852, pgs. 47-49.

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