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piątek, 19 kwietnia 2013

CÓMO UN NIÑO POBRE LLEGÓ A OBISPO, A CARDENAL Y A SANTO - HOW A POOR BOY BECAME A BISHOP, A CARDINAL, AND A SAINT

El que oye Misa, hace oración, da limosna o reza por las almas del Purgatorio, trabaja en su propio provecho.
San Agustín de Hipona

San Pedro Damián perdió a su padre y madre apenas nació. Uno de sus hermanos lo adoptó, pero lo trataba con aspereza, forzándolo a trabajar muy duro y alimentándolo muy mal y con escasa ropa.

Un día encontró una moneda de plata, que representaba para él una pequeña fortuna. Un amigo le aconsejó que la usara para sí mismo, pues el dueño no podría ser hallado.

Para Pedro era difícil establecer en qué la gastaría, ya que tenía todo tipo de necesidades. Pero cambiando de pensar, decidió que lo mejor que podía hacer era pedir una misa por las almas del purgatorio, en especial por las almas de sus queridos padres. A costa de un gran sacrificio, transformó su pensamiento en hechos y las misas fueron ofrecidas.

Las almas del purgatorio devolvieron su sacrificio generosamente. A partir de ese día notó un gran cambio en su destino.

Su hermano mayor lo llamó a la casa donde él vivía, y horrorizado por el maltrato que padecía, lo llevó a vivir consigo. Lo trató como a su propio hijo, y lo educó y cuidó con el más puro afecto. Bendición sobre bendición, los más maravillosos talentos de Pedro salieron a la luz, y fue rápidamente promovido al sacerdocio; algún tiempo después fue elevado a la dignidad de obispo, y finalmente, a cardenal. Además, muchos milagros atestiguan su santidad, tanto, que luego de su muerte fue canonizado y declarado Doctor de la Iglesia.

Estas maravillosas gracias vinieron a él después de una misa ofrecida por las santas almas.
(Paul O’Sullivan, Léeme o laméntalo)


HOW A POOR BOY BECAME A BISHOP, A CARDINAL, AND A SAINT

St. Peter Damian lost both father and mother shortly after his birth. One of his brothers adopted him, but treated him with unnatural harshness, forcing him to work hard and giving him poor food and scanty clothing.

One day Peter found a silver piece, which represented to him a small fortune. A friend told him that he could conscientiously use it for him self, as the owner could not be found.

The only difficulty Peter had was to choose what it was he most needed, for he was in sore need of many things. While turning the matter over in his young mind, it struck him that he could do a still better thing, viz., have a Mass said for the Holy Souls in Purgatory, especially for the souls of his dear parents. At the cost of a great sacrifice, he put this thought into effect and had the Mass offered.

The Holy Souls repaid his sacrifice most generously. From that day forward a complete change became noticeable in his fortunes.

His eldest brother called at the house where he lived and, horrified at the brutal hardships the little fellow was subjected to, arranged that he be handed over to his own care. He clad him and fed him as his own child, and educated and cared for him most affectionately. Blessing followed upon blessing. Peter's wonderful talents became known, and he was rapidly promoted to the priesthood; sometime after he was raised to the episcopacy and, finally, created Cardinal. Miracles attested his great sanctity, so that after death he was canonized and made a Doctor of the
Church.

These wonderful graces came to him after that one Mass said for the Holy Souls.

(Paul O’Sullivan, Read me or rue it)


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