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poniedziałek, 15 kwietnia 2013

CONVERSIÓN DE UN PROTESTANTE INGLÉS


"... toda salvación viene de Cristo-Cabeza por la Iglesia que es su Cuerpo: El santo Sínodo... basado en la Sagrada Escritura y en la Tradición, enseña que esta Iglesia peregrina es necesaria para la salvación. Cristo, en efecto, es el único Mediador y camino de salvación que se nos hace presente en su Cuerpo, en la Iglesia... Por eso, no podrían salvarse los que, sabiendo que Dios fundó, por medio de Jesucristo, la Iglesia católica como necesaria para la salvación, sin embargo, no hubiesen querido entrar o perseverar en ella."
(Catecismo de la Iglesia Católica N° 846)


El Purgatorio,
por Annibale Carracci
He aquí la historia de unas conversiones a la fe católica, encontrada en “las Memorias del padre Gerardo”, un jesuita inglés y Confesor de la fe, quien vivía en Inglaterra en el siglo XVI, tiempo de las persecuciones que los católicos sufrían por parte de los protestantes. La conversión se produjo por medio de un ex protestante, que era esposo de una prima del padre Gerardo, autor de este relato:

«A la conversión del esposo de mi prima quien felizmente abjuró de los errores protestantes y se hizo católico, siguió otra conversión producida en unas circunstancias muy extraordinarias. Mi reciente converso visitó a uno de sus amigos, a un protestante. Éste estaba gravemente enfermo y en peligro de muerte. Era un hombre bueno, víctima del error más por la ignorancia que por otro motivo.

El visitante le instó a su amigo a que por favor pensara en la salvación de su alma y viendo la buena disposición del enfermo, le instruyó como pudo en la verdadera fe, le animó a que se convirtiera y le invitó a suscitar un acto de arrepentimiento perfecto junto al deseo de una confesión sacramental; luego corrió en busca de un sacerdote.

Tenía dificultades en encontrarlo y, mientras tanto, el enfermo falleció. Cuando se acercaba la agonía, el pobre hombre preguntaba a cada rato por si su amigo ya regresaba con el prometido “doctor”, como en su ignorancia le llamaba al sacerdote católico...

Lo que ocurrió luego demuestra que Dios había aceptado la buena voluntad del difunto. Durante las noches siguientes a su muerte, su enviudada esposa, también protestante, veía moverse en su habitación una curiosa luz que hasta entraba entre las cortinas de su cama. Asustada la mujer, pidió a una de sus sirvientas que ésta la acompañase en la habitación durante la noche; pero la sirvienta no veía nada, aunque la luz continuaba visible a los ojos de la viuda.

La pobre dama, desesperada ante tal misterio, llamó a aquel amigo cuyo retorno su finado esposo esperaba con tanta ansiedad. Cuando el amigo vino, le contó sobre el fenómeno y preguntó qué debía hacer.

Antes de contestarle, el amigo le consultó a un sacerdote católico. Éste le respondió que esta luz era una señal sobrenatural que Dios le enviaba a la viuda, para que ésta abjurase de la herejía y volviese a la verdadera fe.

La mujer se sintió profundamente impresionada por esta explicación; abrió su corazón a la gracia y abrazó la fe católica, como su finado esposo.

Una vez católica, la viuda solicitó que algunas veces se celebrara en su habitación la santa misa, pero la misteriosa luz seguía apareciéndose. El sacerdote habiendo considerado las circunstancias a la luz de la fe, llegó a la conclusión de que el finado, aunque salvado por la contrición acompañada del deseo de hacer una confesión sacramental, permanecía todavía en el purgatorio y tenía urgente necesidad de las oraciones de los vivos. Aconsejó entonces a la viuda que pidiera treinta misas por el descanso del alma de su esposo, según la antigua tradición de los católicos ingleses. La piadosa viuda siguió el consejo y, al trigésimo día, en vez de ver una luz, vio tres luces, dos de las cuales pareciendo apoyar la tercera. Estas tres luces, como si indecisas, llegaron a permanecer por algunos instantes cerniéndose sobre la cama, luego se elevaron hacia el cielo y desaparecieron para no volver nunca más.

Estas tres luces parecen haber significado las tres conversiones que se produjeron, y la eficacia del sacrificio de la santa misa para abrirles el cielo a las almas que parten hacia el más allá.»

Fuente: Rev. F. X. Schouppe, S. J., The Dogma of Purgatory.
Illustrated by the Lives and Legends of the Saints,
London 1893, págs. 161-163.


LET us now consider the supernatural effects of a different kind, but which prove no less clearly the efficacy of the Holy Sacrifice of the Mass offered for the departed. We find them in the Memoirs of Father Gerard, an English Jesuit and Confessor of the Faith during the persecutions in England in the sixteenth century. After relating how he had received the abjuration of a Protestant gentleman, married to one of his cousins, Father Gerard adds:

«This conversion led to another under the most extraordinary circumstances. My new convert went to see one of his friends who was dangerously ill. This was an upright man, detained in heresy more by illusion than by any other motive. The visitor urgently exhorted him to be converted, and to think of his soul; and obtained from him the promise that he would make his confession. He instructed him in everything, taught him how to excite himself to contrition for his sins, and went to seek for a priest.

He had great difficulty in finding one, and in the meantime the sick person died. When about to expire, the poor dying man asked frequently whether his friend had not yet returned with the physician whom he had promised to bring; it was thus he called the Catholic priest.

What followed showed that God had accepted the good will of the deceased. The nights following his death, his wife, a Protestant, saw a light moving in her room, and which came even within the curtains of her bed. Being afraid, she desired one of her servant-maids to sleep in her room; but the latter saw nothing, although the light continued to be visible to the eyes of her mistress. The poor lady sent for the friend whose return her husband had awaited with so much anxiety, related to him what had happened, and asked what was to be done.

This friend before giving an answer consulted a Catholic priest. The priest told him that the light was, for the wife of the deceased, a supernatural sign by which God invited her to return to the true faith. The lady was deeply impressed by these words; she opened her heart to grace, and in her turn was converted.

Once a Catholic, she had Mass celebrated in her chamber for some time; but the light always returned. The priest considering these circumstances before God, thought that the deceased, though saved by his repentance accompanied by the desire of confession, was in Purgatory, and stood in need of prayers. He advised the lady to have Mass said for him during thirty days, according to an ancient custom of English Catholics.


The good widow followed this advice, and on the thirtieth day, instead of one light, saw three, two of which seemed to support another. The three lights hovered over her bed, then rose heavenward, never more to return. These three lights appear to have signified the three conversions, and the efficacy of the Holy Sacrifice of the Mass to open Heaven to the departed souls.»

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