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poniedziałek, 25 kwietnia 2016

A LA SANTÍSIMA VIRGEN DEBO YO LA VIDA

Refiere el abate Moret en su “Ministerio Parroquial”, que hace pocos años regresaba en largo tren a París desde Versalles y hubo un infernal decarrilamiento.

Dos estudiantes de medicina lograron salvar la vida de tan espantosa catástrofe. Pero uno de ellos perdió en el accidente medio brazo, quebróse la pierna por la tibia y peroné, quedando todo su cuerpo hecho una verdadera lástima. El otro estudiante acompañó a su amigo al hospital, cuidándole con fraternal cariño y emocionado profundamente por el recuerdo del espantoso peligro del que había salvado la vida. Asistió a la primera cura de su compañero, y con trémula voz, dijo a la Hermana de la Caridad que asistía a su amigo:

«Hermana: No voy a recomendarle a usted que vele cuidadosamente por la salud de mi buen amigo; pues yo sobradamente sé lo que son ustedes para desvivirse por todos sus enfermos y cuidarles con solicitud de amorosas madres, pero sí le suplico, con toda la vehemencia de mi alma, que haga usted que le impongan, cuanto antes, el Santo Escapulario de la Virgen del Carmen. Mire usted, Hermana, yo soy un cualquier cosa, pero llevo desde muy niño el Escapulario y estoy firmemente persuadido de que él me ha salvado en este trance. A la Santísima Virgen debo yo la vida”; porque he sido la única persona que ha salido ilesa entre todos los que íbamos en el vagón; por ello he prometido a la Santísima Virgen difundir y propagar cuanto me sea posible el Escapulario bendito, que tan milagroso es y al que tanto le debo».

Rafael María López-Melús, Prodigios del Escapulario del Carmen,
Editorial Apostolado Mariano, Sevilla, págs. 61-62.

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