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niedziela, 24 kwietnia 2016

EL PODER DE UNA INVOCACIÓN

Juan Guerrero, natural de Gachantivá (Boyacá), radicado desde hace algún tiempo en Villa de Leiva (Colombia), donde posee un almacén de mercancías, cuenta:

- «Conducía un camión y antes de llegar al puente de Leiva, noté que algo iba fallando; que la dirección no andaba bien, pues se había trabado, a consecuencia de lo cual, me encuneté hasta la una de la madrugada en que logré salir del atolladero. Proseguí la marcha no sin antes encomendarme con toda confianza a Dios y a la Virgen del Carmen. No me percaté de que se había roto un resorte, y, al dar una curva, no obedeció la dirección, me vi perdido e inevitablemente el camión se volcó de una manera aparatosa. Invoqué entonces a la Virgen del Carmen a voz en cuello:

- “Virgen del Carmen, ayúdame!’’

Repuesto del “sustazo”, pude ver cómo el parabrisas había quedado hecho cisco, la carrocería convertida en chatarra y del dedo anular había volado el anillo de matrimonio, hecho trizas.

Íbamosseis pasajeros y todos quedamos ilesos, no obstante haber sido el ayudante botado a través de la carpa por la violencia del contragolpe, habiendo sufrido tan sólo un leve rasguño en el rostro.

Todos a una estuvimos convencidos de que la Virgen del Carmen nos había salvado la vida en aquella noche terrible, cuando estuvimos en un tris de perderla.

Desde aquel entonces prometí costear anualmente la fiesta de la Virgen del Carmen el 16 de julio, en la Iglesia de las Madres Carmelitas de Leiva. Desde hace tres años vengo cumpliendo ese acto de gratitud.»

Rafael María López-Melús, Prodigios del Escapulario del Carmen,
Editorial Apostolado Mariano, Sevilla, págs. 52-53.

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