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poniedziałek, 25 kwietnia 2016

ENTERRADO EN UNA MINA

El semanario “TÚ”, órgano de los obreros de Acción Católica, de fecha 6 de mayo de 1950, refería este hecho prodigioso, de la protección que dispensa la Virgen del Carmen a todos sus devotos.

El día doce de abril, a eso de las dos de la tarde, cuando me hallaba trabajando en el grupo minero “El Merujal” (Coto del Musel), como posteador, y posteando bajo unas llaves de carbón, fui sorprendido por un potentísimo derribo de carbón que me dejó sepultado en un pequeño reducto, sin comunicación por parte alguna.

El reducto en que me hallaba refugiado tendría una longitud en sentido inclinado de 1,40 por 0,40 metros aproximadamente, en cuyo hueco tuve que permanecer algo encogido. Al poder encender la lámpara, que se me había apagado, me di cuenta de que me encontraba en un caso perdido, y mi única exclamación fue ésta:

- “¡Que la Virgen bendita del Carmen me ampare!”

En tan angustiosa situación me transcurrieron las horas y los días, que, gracias a la luz de la lámpara (racionando la luz), pude por el reloj controlar, hasta que el sábado, día 15, otro movimiento me redujo aún más la cavidad, dejándome ya una pierna aprisionada por el carbón y la lámpara desaparecida. Ya en completa oscuridad, perdí la noción de la hora y del día en que me hallaba, haciendo ímprobos esfuerzos por ver si podría salvarme.

Desde el primer día estuve haciendo señales con una piedra sobre una mamposta, pero seguramente por la distancia, no pude ser contestado, hasta que ya el domingo, en que los trabajos de salvamento iban algo avanzados, fui contestado, lo cual me alivió enormemente en la depresión moral que sufría; a pesar de ello, perdí el conocimiento varias veces, sin duda por el sufrimiento y el agotamiento físico.

La sed me devoraba y era mi mayor tormento, y como la atmósfera estaba enrarecida y pésima, mi situación se hacía insostenible e imposible de todo punto; mi ánimo y las fuerzas decaían cada vez más, y gracias a la Virgen del Carmen, a quien invocaba constantemente, el martes, a las doce de la noche, ya llegaron hasta mí, abriendo un pequeño hueco. Un compañero, lleno de ánimo y valor, exclamó:

- ‘‘Bueno, Quico, ahora eres mío ya. ¡O te salvo o muero contigo!”.

Pero Dios quiso que en este momento tan sumamente peligroso no nos pasara nada ni a mi salvador ni a mí... Desde mi reducto me sacaron con los ojos vendados hasta la galería, y en una camilla me trasladaron al exterior y al botiquín de urgencia de la mina, hasta que, atendido de urgencia, me llevaron al sanatorio “Adaro”, de Sama de Langreo.


Algunas preguntas que le fueron hechas y las respuestas del interesado son las siguientes:

- ¿Hay en lo sucedido en la mina, para usted, alguna circunstancia especial por la que sienta la convicción de haber sido favorecido por la Virgen del Carmen?

- Mi situación, en los seis días y diez horas que duró mi encierro, fue muy crítica, por lo sumamente peligroso del reducidísimo lugar en que me hallaba; la atmósfera era muy mala y, a juzgar por los técnicos de la mina y sanitarios, fue aún más milagroso de lo que me creía. Todo ello me lleva a la convicción de que algo sobrenatural me protegió, y no dudo que fue la Virgen del Carmen.

- ¿Desde cuándo es usted devoto de la Virgen del Carmen?

- Desde toda mi vida. En mis abuelos y padres siempre existió una devoción ferviente por la Virgen bendita del Carmen, y ello, sin duda, fue motivo más que suficiente para que desde mi niñez arraigara también en mí tan celestial devoción.

- ¿Vestía usted el Escapulario de la Virgen del Carmen cuando le sucedió tal percance?

- Sí, lo llevaba, y lo llevaré siempre conmigo. También he de menifestarle que mi caso fue considerado tan excepcionalmente milagroso que, en el sanatorio “Adaro”, fui visitado por ingenieros, médicos y personalidades, así como por un crecidísimo número de mineros de toda la cuenca.

Rafael María López-Melús, Prodigios del Escapulario del Carmen,
Editorial Apostolado Mariano, Sevilla. Págs. 63-65.

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