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poniedziałek, 25 kwietnia 2016

GRACIAS A ELLA PUEDE HABLAR

Carmen Luque de García, hermana de un religioso carmelita, cuenta: 

«Me encontraba en un estado de desesperación y de angustia extrema debido a una enfermedad de laringe y tráquea, que, a pesar de una doble operación, practicada por cuatro de nuestros mejores cirujanos, no tenía remedio alguno en lo humano, había perdido totalmente la voz, y la respiración sólo podía verificarse por una cánula de plata que me fue colocada por la parte externa e inferior de la garganta; así que yo misma veía que mi vida no podía prolongarse mucho.

El pensamiento de tener que dejar a mi marido y a mis hijos pequeñitos era lo que más me atormentaba, a más de que, como ustedes comprenden, siempre es horrible la muerte siendo joven y con hogar feliz.

En estas condiciones acudí ya casi sin fe, para ser sincera, adonde mi hermano Julio a rogarle que me consiguiera de ustedes, una reliquia bien milagrosa de un Santo. El, después de unos segundos de silencio, me preguntó:

-“¿Tienes puesto el Escapulario de Nuestra Santísima Madre?”.

A lo que yo le contesté:

-“No, y no me explico por qué, a pesar de llamarme Carmen”.

Me dio uno y me dijo:

-“¿Qué más reliquia que ésta? Háztelo imponer y prométeme no quitártelo, propagarlo por todas partes y hacer diariamente una visita a Nuestra Madre Santísima rogando por mí y por todas las Ordenes carmelitas del mundo”.

Nos despedimos sin más comentarios, salí de donde mi hermano con una fe tan grande y tan tranquila que comencé esa misma mañana a hacer lo que él me dijo. Esa noche dormí como hacía muchos meses no había podido y cuál no fue mi asombro y el de mi marido cuando al despertar comencé a hablar con voz más inteligible, sin dificultad respiratoria y con un ánimo extraordinario.

Pasados tres días y viendo los progresos cada vez mayores que hacía en mi curación sin remedios de naturaleza alguna, fui al médico de cabecera, el cual quedó mudo de asombro, me quitó la cánula sin hacerme comentarios, y al final, me dijo:

“¡Es un milagro! La felicito; tómese unas vitaminas y haga su vida corriente».

Rafael María López-Melús, Prodigios del Escapulario del Carmen,
Editorial Apostolado Mariano, Sevilla, págs. 67-68.

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