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sobota, 11 czerwca 2016

DISTINTA SUERTE DE DOS JÓVENES LIBERTINOS

Un hombre puede perder sus bienes temporales contra su voluntad, pero nunca pierde los bienes eternos, a no ser por su voluntad.
San Agustín

En el año 1604, en una ciudad de Flandes, vivían dos jóvenes estudiantes, que en vez de dedicarse a los estudios, se lo pasaban en borracheras y deshonestidades. Una de tantas noches, habiendo estado pecando en casa de una mujer de mala vida, uno de ellos llamado Ricardo, se fue a su casa, el otro se quedó más tiempo. Llegado a casa Ricardo, mientras se desvestía para acostarse, se acordó de que no había rezado aún el Ave María a la Virgen, como acostumbraba. Se caía de sueño, por lo que le costó mucho rezar, pero haciendo un esfuerzo rezó, aunque sin devoción y medio dormido. 

Luego se acostó; y estando en el primer sueño, sintió llamar fuerte a la puerta, e inmediatamente después, sin que se abriera la puerta, vio ante sí a su compañero, desfigurado y horrible. 

— ¿Quién eres? — le dijo. 
— ¿No me reconoces? — le respondió la aparición. 
— Pero ¿cómo estás tan cambiado? ¡Si pareces un demonio!
— ¡Desgraciado de mí! ¡Estoy condenado! — gritó el infeliz. 
— ¿Cómo?
— Al salir de aquella casa infame un demonio me ahogó. Mi cuerpo está en medio de la calle y mi alma en el infierno. Y has de saber que el mismo castigo estaba preparado para ti, pero la Virgen, por ese pequeño obsequio del Ave María, te ha librado. ¡Feliz tú, si sabes aprovechar este aviso que por mi medio te manda la Madre de Dios! 

Y dicho esto desapareció. Ricardo, deshecho en llanto, se arrojó de la cama postrándose en el suelo para dar gracias a María su libertadora. Y estando meditando en cambiar de vida, oyó la campana de los franciscanos que tocaba a maitines. Se dijo: "Ahí me llama Dios a hacer penitencia". Marchó inmediatamente al convento a rogar a los padres que lo recibieran. 

Ellos no querían hacerle caso conociendo su vida tan desordenada; pero él, hecho un mar de lágrimas, les contó cuanto acababa de suceder. Marcharon los padres a aquella calle y, en verdad, encontraron el cadáver del joven con muestras de haber sido ahogado y negro como un carbón. Entonces lo recibieron.

Ricardo, de ahí en adelante se entregó a una vida ejemplar. Fue a las Indias y a predicar el Evangelio; de allí pasó al Japón; y tuvo la gracia de morir mártir de Jesucristo, siendo quemado vivo.

San Alfonso María de Ligorio, Las Glorias de María (Ediciones Paulinas),
Buenos Aires 41960, p. 162-164.

OTRA DESCRIPCIÓN DEL MISMO:

En el año de 1604 estudiaban en Flandes dos jóvenes entregados a la disolución. Habían gastado un día entero en diversiones y comilonas, y por remate fueron a pasar la noche en una casa de prostitución. El uno de ellos, entrada ya la noche, se volvió a descansar en la suya; pero el otro se quedó saciando su apetito y bebiendo hasta las heces el veneno del cáliz de Babilonia. 

Vuelto el primero a su casa, se acordó que no había rezado una Ave María, como tenía de costumbre; quiso hacerlo y aunque sintió gran repugnancia y fastidio, al fin la rezó de muy mala gana y casi dormido. Se acostó y como estaba tan cansado se durmió al instante; pero no se había pasado mucho tiempo cuando oye unos golpes muy fuertes en la puerta de su dormitorio: se despierta y sin abrirla ve delante de sí a su infeliz compañero horroroso y desfigurado. Lleno de terror y admirado de que hubiese podido entrar estando la puerta cerrada, dio una voz diciendo: 

— ¿Qué es esto?

Y el desdichado contestó: 

— Has de saber que por el justo juicio de Dios debíamos tú y yo caer esta noche en el infierno; pero la Virgen, a quien rezaste aquella Ave María, te ha librado a ti de la muerte: yo estoy ya condenado. En tal calle (nombrándola) está mi cuerpo, herido por el demonio.

Y en prueba de la verdad le descubrió el seno que arrojaba llamas de fuego y le despedazaban horribles serpientes. Acabó de hablar y desapareció. 

Se levanta el otro al punto de la cama y empieza a llorar amargamente. En esto oye tocar a maitines en el convento de San Francisco y no dudando que ésta fuese la voz de Dios que le llamaba, corre sin tardanza, se echa a los pies de los padres y les pide el santo hábito con las mayores instancias, contando lo que le había pasado. No le dieron crédito al principio; pero se cercioraron de la verdad yendo algunos a la calle que les decía, donde encontraron el cadáver del infeliz compañero enteramente desfigurado. Entonces le admitieron y él empezó en la religión una vida penitente y del todo nueva, mostrándose toda su vida muy agradecido a la piadosísima Virgen María, por cuya intercesión había recibido aquel beneficio, pudiendo decir con toda la verdad: “Virgini gratias, quia non ardeo - Gracias a la santísima Virgen, que me ha librado del infierno”.

El mes de mayo consagrado a María, obsequio que a esta gran Reina tributa la piedad cristiana todos los años en la parroquial iglesia de Santa María del Mar de esta ciudad, Barcelona 1847, pgs. 68-70.



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