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środa, 10 sierpnia 2016

GRACIAS AL ESCAPULARIO SE CONVIERTE UN “PEZ GORDO”

Asociada como Madre y Ministra al Rey de los mártires en la obra inefable de la humana redención, le queda para siempre asociada, con un poder casi inmenso, en la distribución de las gracias que se derivan de la redención.
Pío XII, Radio, Mensaje «Bendito sea el Senor», 13-V-1946

Sucedió por 1955 en la Prefectura Apostólica de Urabá (Colombia). El protagonista el fue mismo prefecto, padre Arteaga.

Nuestra Señora del Monte Carmelo,
por Pietro Novelli, 1641
Como en todas las partes donde hay gente de color, que no faltan unos cuantos blancos que lejos de edificarlos con sus buenos ejemplos constituyen la piedra de escándalo en toda la comarca. Uno de estos pajarracos se hallaba por entonces gravemente enfermo. Una buena persona le informó al ilustrísimo señor prefecto de ello, trasladándose éste de inmediato a la casa del moribundo, quien lo recibió con la más fría indiferencia.

No obstante, el padre le amonestó con tiernas y amorosas palabras a fin de que volviera los ojos al Dios misericordioso en sus últimos momentos; pero el insulso zascandil le despreció al celoso misionero, tuvo que dejarlo éste, retirándose silencioso, llevando en el corazón inmensa amargura, y al salir de aquella casa dejó en las manos de la señora un escapulario de la Santísima Virgen del Carmen para que disimuladamente lo colocara debajo de la almohada del enfermo sin que éste se diera cuenta, y les dijo: “Hasta luego”; y así fue.

Nos acostamos bastante tarde, como dando tiempo a una llamada de aquella casa del diabólico agonizante, hasta que, pasada la media noche, golpearon la puerta gritando: “Padre, que el enfermo le llama, que corra”.

Inmediatamente salió con los mensajeros y cuál sería su sorpresa cuando llegó junto al lecho del moribundo diciéndole éste espontáneamente: “Padre, quiero confesarme...”.

Una alma más salvada con sólo la invaluable reliquia del Santo Escapulario; este sacramental movió el corazón cuando ya estaba al borde del abismo. Se confesó, recibió la unción de enfermos privándose tan sólo del Santo Viático por carecer de la iglesia la pobre población. 

Momentos más tarde aquellos ojos se cerraron para siempre, pero su alma se encaminaba a la gloria eterna gracias a la Madre bondadosa del Carmen.

Rafael María López-Melús, Prodigios del Escapulario del Carmen, 
Editorial Apostolado Mariano, Sevilla, pgs. 146-147.

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