Łączna liczba wyświetleń

sobota, 6 sierpnia 2016

QUIERO CONFESARME

Dios te salve, llena de gracia. Y en verdad que es llena de gracia, porque a los demás se da con medida, pero en María se derramó al mismo tiempo toda la plenitud de la gracia. Verdaderamente es llena de gracia aquella por la cual toda criatura fue inundada con la lluvia abundante del Espíritu Santo.
San Jerónimo, Sermón sobre la Asunción de la Virgen

Madre de Dios Patrona de las familias obreras,
santuario en Plotki, Polonia
El siervo de Dios Don Ángel Herrera Oria, periodista, cardenal y santo, contó este caso que le sucedió a él mismo.

«No hace todavía quince días, me llamaron a la cárcel, un pobrecito, sin perdón divino ni humano; esposadas las manos; fieros los ojos..., le dije:

- ¿Hijo, crees en Dios?
- Sí, y espero que Él me haga justicia...
- ¿Crees que hay cielo e infierno?
- ¿No voy a creer?
- ¿Confiésate, pues, para comulgar.
- Eso nunca, no creo en los curas...

Transcurren unos minutos, durante los cuales el sacerdote da unas vueltas, atendiendo a otros. Nuevamente vuelve a él:

- Hijo, ¿crees en Dios?
- Ya le he dicho que sí, que creo en Dios como el primero.
- ¿Crees en Jesucristo Redentor?
- También.
- ¿Confiésate para comulgar.
- No me interesa; eso es cosa de curas; y usted perdone si le falto.

Otra breve ausencia y toma a la carga:

- ¿Crees en Dios?
- Que sí, Padre, y espero que me haga justicia...
- ¿Crees en Jesucristo?
- También.
- ¿Crees en la Santísima Virgen María, Madre de Dios?

(un levantar de ojos; un suspiro...)

- También creo en la Virgen...
- Confiésate, pues y comulga, hijo mío.
- Que no, déjeme ya en paz...

Por tercera vez le deja rumiando su negativa; y ¡vuelve! El mismo interrogatorio...

- ¿Crees en la Santísima Virgen María?
- Como creo en mi madre...
- ¿Me aceptas un Escapulario de la Virgen del Carmen?
- ¿Por qué no? Póngamelo usted.

Se lo metió en el bolsillo. (Él tenía las manos atadas y no era plan de desabrocharle el pecho ni exhibirlo...)

El pobre, fue a sacarse el pañuelo para secarse los húmedos ojos y se le cayó el Escapulario.

- Don Ángel, se me ha caído, hágame el favor.

Don Ángel lo recogió y se lo entregó.

- ¿Quieres confesarte?
- ¡¡Sí, señor!!

Era el Escapulario de la Virgen del Carmen quien hizo el milagro.»


Rafael María López-Melús, Prodigios del Escapulario del Carmen, 
Editorial Apostolado Mariano, Sevilla, pgs. 144-146.

Brak komentarzy:

Prześlij komentarz