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poniedziałek, 22 sierpnia 2016

UN “EXTRAVIADO” QUE VOLVIÓ A DIOS

Con razón piensan los Santos Padres que María no fue un instrumento puramente pasivo en las manos de Dios, sino que cooperó a la salvación de los hombres con fe y obediencia libres. Como dice San Ireneo, obedeciendo se convirtió en causa de salvación para sí misma y para todo el género humano. Por eso no pocos Padres antiguos afirman gustosamente con él en su predicación que «el nudo de desobediencia de Eva fue desatado por la obediencia de María mediante su fe»; y, comparándola con Eva, llaman a María «madre de los vivientes», afirmando aún con mayor frecuencia que «la muerte vino por Eva, la vida por María».
Vat. II, Const. Lumen gentium 56

Un misionero, párroco de Cuzco (Perú), escribe:

La Coronación de la Virgen por la Trinidad.
Diego Velázquez, 1645, Museo del Prado, Madrid.
«En mi extensa parroquia, y con la colaboración de un grupo de catequistas, estoy haciendo campaña de difusión del rezo de las tres Avemarías. Y el éxito es grande porque Dios hace derroche de sus gracias mediante su Madre Santísima...

En junio de 1969 pasé por una hacienda muy alejada de los caseríos y aldeas. El dueño de la finca ya era de edad avanzada; había sido seminarista, y luego, sin contraer matrimonio canónico, se unió a una mujer con la que tuvo varios hijos. Aproveché mi visita para dejarle una estampa sobre la devoción de las tres Avemarías, recomendándole que no dejara de rezarlas todos los días, y siempre que sintiese preocupación por cualquier problema.

A fines del mes de octubre vinieron a buscarme de parte del dueño de aquella hacienda para pedirme con insistencia que, no obstante la distancia, fuera a aquella casa, porque dicho señor estaba muy grave y deseaba recibir los últimos Sacramentos.

Allí fui acompañado de dos catequistas, y al vernos el enfermo, llorando amargamente y con voces entrecortadas, pidió confesar.

A continuación declaró que había rezado las tres Avemarías desde que se las había aconsejado y que a poco de rezarlas se sintió movido a “regularizar su vida” y volver a la gracia de Dios. Tanto le ayudaba la Santísima Virgen a su cambio espiritual que hasta empezó a rezar el Santo Rosario durante su enfermedad. Como apremiaba su gravísimo estado, sin pérdida de tiempo contrajo matrimonio, recibió la comunión juntamente con su esposa y los hijos legitimados, y le administré la Extremaunción.

Media hora, exactamente, después de esto, descansó en la paz del Señor.»

La Madre de Dios había acreditado una vez más su especial patrocinio respecto de quienes la invocan con las fres Avemarías. 

(P. Braulio Ascarza Sotelo, 7 noviembre de 1969, Perú)

Fuente: P. Luis Larrauri y Hno. Secundino Pérez - Los asombrosos frutos de una sencilla devoción (La devoción de las Tres Avemarías), 5. Edición, Apostolado Mariano, Sevilla 1975,
pgs. 28-29.



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