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sobota, 29 kwietnia 2017

COMO CABALLO SIN FRENO

Para todos abre el seno de su misericordia, a fin de que todos reciban de su plenitud: el cautivo la libertad, el enfermo la curación, el afligido el consuelo, el pecador el perdón, el justo la gracia, el ángel la alegría, en fin, la Trinidad entera la gloria, y el Hijo su carne humana. No hay nada que escape a su calor.
(San Bernardo, Hom. para el domingo infraoctava de la Asunción, 1-2)

Un joven libertino vivía entregado, como caballo sin freno, a toda suerte de crímenes y escándalos. Sin embargo rezaba cada día, sin dejarla jamás, una Ave María a la madre de Dios. 

Le acometió una enfermedad mortal. Varios eclesiásticos le propusieron que hiciese una buena confesión; su respuesta, acompañada de blasfemias, era que quería morir según había vivido. Un buen amigo traba con él una caritativa conversación, exhortándolo a convertirse. El doliente replica como Saúl: 

— Yo soy demasiado grande pecador para esto.
— Acude pues — le responde el amigo — a María madre de pecadores.
— Ahí yo bien le rezo todos los días una Ave María — dice el enfermo — pero de qué podrá servirme esta pequeña devoción?
— Te servirá mucho — contesta el amigo. — No la has pedido en el Ave María todos los días que ruegue por ti en la hora de la muerte?
— Si — responde el enfermo.

Almas: ya este joven no es el mismo. La madre de Misericordia le ha alcanzado tanta contrición, que aquel corazón de bronce es una blanda cera; sus ojos dos fuentes de lágrimas. Llama a la Virgen su buena madre; confiesa sus pecados con amarguísimo dolor; pide perdón de sus escándalos; recibe los últimos sacramentos, y muere tan santamente, que los muchos testigos de su conversión derraman lágrimas de ternura, y celebran sus exequias, como un día de triunfo para la Virgen, alabando y exaltando su grande poder y misericordia. 

cfr. Francisco Pascual, Nuevo mes de mayo consagrado a María Santísima, 
Imprenta de P. J. Umbert, Palma 1848, pgs. 94-95.

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