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czwartek, 7 grudnia 2017

AMOR A MARÍA

María es la madre querida a quien Gema amaba con todo su corazón y que se le aparecía frecuentemente para consolarla y darle fortaleza ante el sufrimiento. Dice ella: “Al perder a mi madre, me entregué por completo a la Madre del cielo. Y ¡qué bien se ha portado siempre conmigo esta mamá celestial! ¿Qué hubiera sido de mí sin ella?”.

Santa Gema Galgani
En su Diario escribe: 

«Mi queridísima Madre María Santísima Dolorosa ha querido hacerme una breve visita (no me acordaba que era sábado, el sábado es cuando acostumbra a dejarse ver por mí). Estaba muy afligida. Me parecía que lloraba. La llamé muchas veces con el dulce nombre de madre. No me respondía, pero cuando oía decir: “Mamá”, sonreía. Se lo repetí muchas veces, todas las que pude. Y ella siempre sonreía. Por fin, me dijo: “Gema, ¿quieres venir a reposar un poco en mi seno?”. Intenté levantarme, arrodillarme y acercarme a Ella. Ella también se levantó, me besó en la frente y desapareció.»

Otro sábado en que de nuevo se le apareció, dice: 

«Ella me miraba muy fijamente, sonreía y se acercó para acariciarme... Estaba junto a mi cama tan bella que no me cansaba de contemplarla. Mientras hablábamos, Ella me tenía cogida de la mano.»

Otro día dice: 

«Me encontré con la Madre Dolorosa. ¡Qué momentos tan felices! ¡Qué gusto da pronunciar el nombre de mamá! ¡Qué dulzura sintió mi corazón en aquellos instantes! Soy incapaz de explicarlo. Me pareció, tras unos momentos de emoción, que me tomó en su regazo y me hizo descansar la cabeza en su hombro, manteniéndome así durante un rato. Mi corazón en aquel momento rebosaba dicha y felicidad. De vez en cuando me preguntaba:

— ¿Me amas sólo a mí?
— Oh, no, antes que a ti amo a otra persona.
— ¿Quién es? — preguntaba — aparentando no saberlo.
— Es una persona muy querida para mí por encima de todo. La amo tanto que daría la vida en este mismo instante por Él.
— Pero dime ¿quién es?
— Si hubieras venido el otro día lo hubieras visto conmigo. Él viene raramente a verme. Yo, sin embargo, lo visito todos los días.
— Y ¿quién es?
— No, no te lo digo. Si vieses, mamá mía, se parece a ti por la hermosura. Sus cabellos tienen el color de los tuyos.

Y acariciándome me dijo:

— Hija mía, ¿de quién estás hablando?
— ¿No me entiendes? ¡Hablo de Jesús! ¡De Jesús!

Me miró sonriendo y me estrechó fuertemente. Y me dijo:

- Ámalo a Él solamente, ámalo mucho...

Ángel Peña, Santa Gema Galgani. Amor total, Lima-Perú, pgs. 39-40.

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