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wtorek, 19 grudnia 2017

HE AQUÍ UN EJEMPLO DE SU FECUNDO APOSTOLADO

La caridad no se demuestra solamente con la limosna, sino sobre todo con el hecho de comunicar a los demás las enseñanzas divinas y prodigarles cuidados corporales. 
(San Máximo, Sobre la caridad, centuria 1, 1)

Estando la santa Gema Galgani enferma e inmóvil en su lecho, una pobre mujer llegó a ofrecerle sus servicios para el acarreo de agua hasta la casa. Un hermano de Gema llegó a saber que, en punto a religión, dicha mujer dejaba algo que desear, y las tías se inclinaban por despacharla. Al darse cuenta de ello, Gema, con el rostro encendido, dijo: 

“¿Tal vez por motivo análogo rechazó Jesús a María Magdalena, alejándola de sí? Dejadla entrar libremente en casa. Quién sabe si le podré hacer algo de bien. No la despachéis. Os lo suplico”.

Y, en efecto, desistieron; Gema aceptó la tarea de convertirla. Ella lo rehusó cuanto pudo. Por fin, la Santa, insinuándose en su alma, comprendió que la penuria, el no poder satisfacer el alquiler del más miserable albergue, era la causa ocasional de los deslices de aquella pobre mujer.

Gema también es pobre. Pero, ¿y qué importa? Aquella alma le da mucha compasión y encuentra modo de ayudarla. La tía de Camaiore le envía, de cuando en cuando, algo de dinero para cubrir sus necesidades, y ella, con generosidad inaudita, lo va entregando a la pobrecita descarriada para que vaya abonando el alquiler de la miserable habitación que tiene en arriendo. Al dar cuenta a su tía de las cantidades que iba recibiendo, le dice: 

“Nada desperdicio. Lo sabrán después en qué lo empleo”.

El triunfo coronó la caridad de Gema. La mujer en cuestión volvió a Dios. Rompió la cadena de sus pecados con una buena confesión general, y desde aquel punto vivió como una buena cristiana.

Fuente: Sor Gesualda del Espíritu Santo, Santa Gema Galgani, 
1964, p. 197 (ebook).

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