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środa, 20 grudnia 2017

UN VENECIANO QUE RECHAZABA OBSTINADAMENTE LOS SANTOS SACRAMENTOS

Pues no sabes cuándo has de morir, piensa que puedes morir hoy, y está siempre dispuesto para lo que siempre puede venir. Confía en la misericordia de Dios para implorarla luego; mas no presumas el dilatar tu conversión un momento, porque no sabes si te darán tiempo para que la puedas invocar, o si después invocada merecerás ser oído.
Juan Eusebio Nieremberg


Dos padres pasionistas de la República Argentina llegaron a Yu-Uy, diócesis de Salto, para dar allí una misión. Siguiendo la piadosa costumbre trazada por su fundador, acudieron a visitar a los enfermos del hospital de San Roque, donde se hallaban en calidad de enfermeras, las Hermanas de Nuestra Señora del Huerto. 

Entre los asilados había un veneciano que rechazaba obstinadamente los santos sacramentos, a pesar de hallarse en los umbrales de la eternidad. Ambos misioneros, uno tras otro, se acercaban a su lecho, tratando de convencerle de que se reconciliara con Dios. Vano empeño. Se burlaba de sus palabras. Refería que había recibido la primera comunión de manos de Pío X, cuando este venerable Pontífice era un simple sacerdote; pero que a los quince años perdió totalmente la fe, y que no quería saber más de la religión.

Se retiraban los misioneros tristes y cabizbajos... De pronto, uno de ellos se siente inspirado... Tiene en su poder, por fortuna, una reliquia de Gema [Galgani]. Se la lleva a la superiora, rogándole que la coloque ocultamente bajo la almohada del enfermo. Así se hizo.

No había transcurrido un cuarto de hora cuando el enfermo, espontáneamente, sin que nadie le indujese nuevamente a ello, llama a una hermana, diciéndole que sentía deseos de confesarse. Acude gozoso el misionero. El presunto incrédulo, no solamente se confiesa con vivo sentimiento de dolor, sino que, para reparar el escándalo producido por sus palabras anteriores, pide que le lleven el santo Viático con toda solemnidad. Dos días después expiraba tranquilamente en el ósculo del Señor.

Fuente: Sor Gesualda del Espíritu Santo, Santa Gema Galgani, 
1964 (ebook), pgs. 259.

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